Enfermedades de las plantas
Los vegetales, al igual que los demás seres vivos, se encuentran sometidos
a la acción de determinados agentes patogenos que frenan su desarrollo y producción,
restándoles belleza y originalidad tanto en el colorido corno en las formas.
Esos agentes, en la horticultura tradicional, pueden ocasionar pérdidas que
representan de un 25 a un 35 % del valor de las cosechas.
Las enfermedades pueden
definirse Como alteraciones en la
estructura y las funciones vitales de la planta, que afectan a la producción y
belleza de la misma. En ocasiones, estas alteraciones tienen aplicación en la
horticultura ornamental, ya que sirven para crear determinados matices y
formas, como es el caso de algunas virosis.
Las enfermedades son originadas
por seres microscopicos que solamente pueden vivir y desarrollarse a expensas
de las sustancias elaboradas por las plantas a las cuales parasitan. En su
desarrollo desempeña un papel fundamental la climatología. Las temperaturas
elevadas, el exceso de humedad ambiental, la falta deaireación y la
luminosidad son factores decisivos en el desarrollo de los parasitos.
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La mejor forma de combatir las enfermedades de las plantas consiste en efectuar cuidados preventivos con cierta periodicidad |
En general, las alteraciones
pueden ser producidas por: parásitos vegetales, virus y causas fisiológicas no
parasitarias.
Los parásitos vegetales más
importantes son los hongos y las bacterias. Los virus son microorganismos de
tamaño muy reducido, que sólo pueden observarse con el microscopio
electrónico; su clasificación se hace por los síntomas que se aprecian en las
plantas atacadas. En cuanto a las enfermedades de origen fisiológico, son las
producidas por sequía, humedad excesiva, temperaturas extremas y estados
carenciales. De esas últimas se ha tratado ya en la parte destinada al estudio
de los suelos, por lo que en los apartados siguientes sólo se describen los
tres grandes grupos que dan lugar a las enfermedades de tipo parasitario.
Hongos
Estos organismos se
caracterizan principalmente por su falta de clorofila;
por ello no pueden sintetizar los hidratos de carbono tan necesarios para
su alimentación, lo cual les obliga a nutrirse de las sustancias elaboradas por
los vegetales a los que parasitan. En general son de tamaño reducido,
inapreciables a simple vista, siendo necesario un microscopio para poder observarlos; pero en determinados casos pueden
distinguirse
por sus manifestaciones externas, como ocurre con el mildiu, la roya, la Botrytis y el oídio.
La multiplicación de estos
microorganismos puede ser sexual o asexual (vegetativa). En la primera forma
existen los órganos masculino y femenino perfectamente diferenciados, que al
fusionarse dan lugar a un huevo o espora semejante a la semilla de las plantas
superiores.
En la multiplicación asexual,
los filamentos del micelio o aparato vegetativo de los hongos sufren una serie de
transformaciones y divisiones que, sin la intervención del sexo, originan los órganos de la
reprodución o formación de las esporas.
Cuando una espora se pone en contacto con la planta a la que va a parasitar,
si las condiciones ambientales le son favorables germina. El filamento que
emite la espora se comporta de modo distinto según se trate de hongos
endoparásitos o ectoparásitos. En los ectoparásitos, el filamento se ramifica
y se adhiere a la epidermis, e introduce sus haustorios en las células de la misma.
En los endoparásitos, el filamento se desarrolla en el interior de las células
del vegetal parasitado, donde desarrolla su micelio.
La penetración puede tener lugar a través de medios diversos: por los
estomas, por órganos nectaríferos, por las heridas producidas por las
herramientas de poda, por zonas de roturas de raíces ocasionadas en los
trasplantes, escarda’s, heridas producidas por el granizo, roce de las ramas
por el viento, o incluso por la acción directa del hongo sobre las membranas
celulares de la epidermis de la planta a la que va a parasitar.

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Roya del geranio: esta enfermedad, muy generalizada, detériora la belleza de sus hojas. |
Las plantas, al igual que los
demás seres vivos, se oponen a esta penetración mediante la formación de
tejido cicatricial en las heridas, con secreción gomosa y con la creación de
una serie de resistencias propias de cada especie y variedad. En las plantas
debilitadas por una alimentación desequilibrada por heladas y por otras
causas, estas resistencias son menores.
Desde el momento en que se
produce la invasión hasta que aparecen los primeros síntomas suele transcurrir
cierto tiempo, conocido con el nombre de incubación;
la duración de este período depende considerablemente de la temperatura y
la humedad, existiendo para cada agente patógeno unos niveles óptimos de esas
variables.
La invasión puede efectuarse
por ocupación de los espacios intercelulares o por penetración en el interior
de las células, y su manifestación es posible que se advierta en una zona
próxima al punto de infección o alejada del mismo, pero en todo caso puede
llegar a afectar a toda la planta.
Si la planta soporta la acción del parásito sin sufrir perjuicio alguno, se dice que es resistente; en el caso contrario, de que la planta tenga gran sensibilidad al mismo, se dice que tiene predisposición. Precisamente, las nuevas técnicas e investigaciones se han encaminado a la obtención de variedades resistentes a determinados parásitos, con el fin de conseguir plantas mejor adaptadas y que necesiten menos cuidados terapéuticos. Para ello se requiere un perfecto conocimiento del parásito, asi como de los mecanismos de resistencia del hospedante.
Ya se indicó, a propósito de los abonados, que éstos pueden influir en la resistencia a las enfermedades yque el empleo abusivo del nitrógeno da lugar a laformación de tejidos
A
la izquierda. clavel atacado por la Alternarta,
hongo que causa una enfermedad frecuente que desgraciadamente los
aficionados desconocen. A la derecha. Botrytis. agente de una grave enfermedad
que ataca a las plantas ornamentales; en la ilustración plantas de jacinto
afectadas.
esponjosos y de constitución
más endeble, disminuyendo la resistencia de las plantas a determinadas
enfermedades.
El desarrollo del parásito en
el interior de la planta depende también del pH que tengan los jugos
celulares, ya que los hongos y bacterias suelen requerir un determinado pH
para su perfecto desarrollo. Así, las bacterias necesitan un pH alcalino y los
hongos un pH ácido. Pero el pH de los jugos celulares no siempre es constante
en el período de crecimiento de los vegetales, sino que suele ser ácido y, a
medida que éstos van alcanzando la madurez, se vuelve más o menos
alcalino. De ahí que en la fase de crecimiento las plantas se vean atacadas
principalmente por hongos más que por bacterias.
Por otra parte, el que
determinadas especies o variedades sean más o menos resistentes a un parásito
depende de la composición de sus jugos celulares, ya que éstos pueden contener
ciertas sustancias tóxicas que inhiban o dificulten el desarrollo del agente
patógeno. Esto ha constituido la base de estudio de los fungicidas sistémicos, es decir, aquellos que, una vez aplicados a
la planta, se incorporan al torrente circulatorio de la savia, defendiendo a la
planta contra determinados parásitos durante cierto tiempo. Presentan una gran
ventaja en relación a los fungicidas de acción externa, que pueden ser
lavados por el agua de lluvía y de riego, cosa que logicamente no puede
ocurrir con aquéllos.
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Planta de ciclamen fuertemente atacada por Botrytis, que causa una enfermedad criptogamica caracterizada por la podredumbre que ocasiona en tallos, hojas y flores |
Es el ataque por hongos del
género Alternaria, que se caracteriza
principalmente porque en las hojas aparecen unas pequeñas manchas irregulares
de color pardusco, rodeadas por una aureola amarilloviolácea. Estas manchas
van creciendo por zonas concéntricas limitadas por los nervios, y la parte.
interior de las mismas se va secando y adquiere un color pardo rodeado por la
aureola amarillenta. En los tejidos afectados suelen aparecer unos puntos
negros, que son los conidióforos que van a asegurar la reproducción del hongo.
Las condiciones óptimas para el desarrollo de esta enfermedad las
constituyen la presencia de temperaturas relativamente altas alternando con
períodos húmedos.
Los tratamientos serán preventivos y periódicos a base de Zineb, Maneb,
Mancozeb, etc.
Los agentes causales de esta enfermedad son hongos Deuteromicetos
pertenecientes al género Colletotrichuni.
La misma se caracteriza por la aparición de unas manchas pardas sobre los
órganos atacados. En las hojas estas manchas están ligeramente hundidas y
rodeadas por una o varias circunferencias de
color más oscuro, bien delimitadas, y ocupan por regla general el margen o
extremo de las hojas. En las ramas se suelen presentar como manchas de color
más blanquecino, que pueden llegar a ocupar toda la rama, si ésta es joven, y
secarla.
Esta enfermedad es muy fácil de prevenir mediante pulverizaciones
periódicas con Zineb, Maneb, Mancoceb y con cualquier fungicida sistémico.
Esta enfermedad es causada por el hongo Botrytis cinerea, que es la forma conídica del ascomiceto Sc/erotinia sclerotiorum. El mismo es
uno de los agentes patógenos más polífagos que existen, pues ataca a la
mayoría
de plantas ornamentales y horticolas.
Los síntomas varían según que el ataque se realice en el cuello de la
planta o en sus órganos aéreos.
El hongo penetra en los tejidos vegetales y produce la
muerte. El tejido muerto toma un aspecto pardo, blanco y húmedo. Si hay exceso
de humedad aparece un moho blancogrisáceo, sobre el que se forman unos puntos
negros que son los órganos encargados de la multiplicación del hongo y, por
tanto, de su propagación. Las condiciones óptimas para su desarrollo son:
humedad relativa alta, mala ventilación y temperaturas comprendidas entre 16 y
18 oc.
Para prevenir la enfermedad hay que actuar sobre los factores
mencionados,
es decir, hay que proporcionar a las plantas una buena ventilación e
iluminación, y procurar que no permanezcan húmedas durante la noche (sobre todo
si están en el interior de las viviendas o invernaderos>, para lo cual los
riegos se deben realizar a primeras horas de la mañana, en especial a
principios de las estaciones templada y cálidotemplada, cuando los días son
más cortos.
Los tratamientos deben ser preventivos y efectuarse
cada 10-12 días; han dado muy búenos resultados los fungicidas sistémicos,
como Euparen, Benlate, Bavistin, etc. cuando esta podredumbre húmeda aparezca
en la base del tallo, es preferible regar con una disolución de los productos
mencionados, y si las manchas aparecen sobre las hojas, ramas y flores, se debe
efectuar el tratamiento en pulverización.
Anthurium atacado por septoriasis. enfermedad
criptogámica que ocasiona manchas redondeadas en hojas y flores. En esta
página. oidio, denominado ‘ceniza”. Ataca hojas, flores y tallos del rosal.
Enfermedad bastante común en los semilleros, que tiene por agentes
causales los hongos Pythium debaryanum y
Pythium ultimum. Los semilleros que
con mayor frecuencia se ven afectados son aquellos en cuya preparación hay
gran cantidad de materia orgánica. El primer síntoma que se observa es el
encorvamiento de las plántulas, que se doblan a nivel del suelo y caen. Su
propagación es rápida y pueden observa rse grandes manchas o círculos que se
van agrandando a medida que se extiende la enfermedad. Las condiciones
óptimas para su desarrollo las constituyen las temperaturas elevadas, con
exceso de humedad y mala ventilación.
Como medida preventiva se recomienda utilizar
sustratos estériles en la elaboración del semillero, para lo cual se pueden
desinfectar, bien con vapor, o bien con productos químicos, como Vapam,
Ditrapex, bromuro de metilo, formalina, Basamid, y otros. En caso de usar
estos productos, antes de efectuar la siembra hay que asegurarse de que no
queden residuos de los mismos en el sustrato, que causarían problemas en la
germinación de las semillas; para ello es conveniente esperar 15-20 días,
aireando y removiendo bien la mezcla. En cualquier caso, hay que seguir las
instrucciones dadas por el fabricante. Por otra parte, la utilización de
turbas de calidad y estériles da resultados buenos en la preparación de los
semilleros, sin necesidad de recurrir a la desinfección.
En resumen, para impedir la aparición del parásito es conveniente:
utilizar sustratos estériles,
regular la temperatura y la humedad, y proporcionar a las plantas germinadas
una buena ventilación.
En caso de que se presente la enfermedad, hay que eliminar las plantas
afectadas y tratar el conjunto, cada 10-12 días, con un fungicida sistémico,
para impedir la propagación. El tratamiento se efectúa regando los semilleros
con una disolución de Euparen, Benlate, Bavistin, etcétera, a las dosis
recomendadas por los fabricantes.
Roya
Los hongos que provocan esta enfermedad pertenecen a los Basidiomicetos,
siendo los del género Puccinia los
más frecuentes. Se trata de endoparásitos cuyo desarrollo se ve favorecido por
una humedad relativa alta con temperaturas medias, especialmente en las zonas
bajas y húmedas, en las que el vapor de agua se condensa por las
noches en forma de rocío. La invasión se caracteriza por la aparición de unas
manchas amarillentas en la parte inferior de las hojas principalmente, aunque
pueden presentarse también en la parte superior; estas manchas son debidas a la
destrucción de la dorofila en los puntos de ataque y sus alrededores, y pueden
ocupar toda la hoja si el ataque es muy intenso, anulando la función
clorofilica en la misma. Sobre estas manchas aparecen unas pústulas
pulverulentas de color rojizo más o menos oscuro según la especie, que
constituyen las teleutosporas, elementos de reproducción que son diseminados
por el viento.
Las royas pueden producir también hipertrofias, deformaciones florales,
tumores, etc., que debilitan la planta y le hacen perder toda su belleza
ornamental.

Enfermedad
denominada comúnmerne ceniza y debida a un grupo de hongos ascomicetos
pertenecientes a la familia Erisifáceos. Se trata de hongos ectoparásitos, de
micelio típicamente superficial formado por un conjunto de hifas hialinas
tabicadas,
que en la superficie de los órganos afectados forman un tapiz denso, más o
menos pulverulento y de aspecto blanquecino. El micelio se adhiere a las
plantas por medio de unos órganos prensores, de los cuales nacen los
haustorios; éstos atraviesan la epidermis de las hojas y tallos jóvenes y
penetran en su interior. En la parte superior del micelio aparecen unas
colurrmitas erguidas, con una cadena de células senilcilíndricas que son los
conidióforos, encargados de formar los conidios; éstos se desprenden a medida
que van alcanzando su madurez, y son diseminados por el viento. Precisamente
los conidios (oidium) son los que
generalmente confieren el aspecto pulverulento y blanquecino que constituye la
característica más sobresaliente que suele presentar esta enfermedad
Se trata de una de las enfermedades más peligrosas ocasionada por
hongos endoparásitos del grupo de los Oomicetos (Ficomicetos). Ataca a los
órganos aéreos de las plantas, siendo las hojas tiernas las más afectadas, ya
que en los tejidos jóvenes el micelio puede extenderse con rapidez a varios
centímetros de distancia del punto de penetración. Fn la cara superior de las
hojas aparecen unas manchas irregulares de color amarillento, que
posteriormente se vuelven parduscas, y en el envés surgen los conidióforos,
formando una especie de tela o eflorescencia de color grisáceo. Si las
condiciones
ambientales son óptimas puede aparecer en la parte inferior del limbo el
polvillo grisáceo sin que los tejidos internos resulten excesivamente
dañados. En el caso de que el ataque sea muy intenso, las man
chas pueden ocupar casi la
totalidad de la hoja, y los tejidos se secan, llegando a desprenderse las
zonas afectadas.
Para que los conidios germinen se requieren temperaturas superiores a
10-12 oc, con ambientes secos durante el día y frescos por la noche. De ahí que
los ataques sean más intensos en la estación templada y a la salida de la
estación cálida.
Los daños ocasionados por el oídio se deben principalmente a la destrucción de las células superficiales, con lo que disminuye la intensidad luminosa en las hojas e impide su función clorofihica; se deseca la epidermis de los frutos y tallos jóvenes impidiendo la circulación de la savia, por lo que éstos quedan raquíticos, y si afectan a los capullos florales, los mismos abortan antes de abrirse.
Si se quita el micelio del hongo con el dedo, en las
hojas se aprecian unas manchas de color pardo oscuro, coincidiendo con los
lugares donde se encontraban los haustorios.
Esta enfermedad es muy fácil de combatir por tratarse de hongos
superficiales,
pudiendo utilizarse cualquier fungicida de contacto. Los azufres en espolvoreo
y sus derivados son muy eficaces, si bien presentan el inconveniente de que, al
no tener persistencia, dejan la planta al descubierto después de un riego o
una lluvia; de ahí la preferencia de los fungicidas sistémicos, que garantizan
una protección durante 14-15 días, por lo que deben efectuarse tratamientos
periódicos con ese intervalo.
Las
plantas ornamentales más sensibles a esta enfermedad son: el rosal, el Evonymus, algunas variedades de
prímulas, cinerarias y begonias. En las hojas del rosal y del Evonymus produce abolladuras, y en los
capullos del rosal causa el aborto.
Aparte de los tratamientos cúpricos, dan muy buen resultado los
ditiocarbamatos.
Los tratamientos se deben espaciar de forma adecuada.
Esta enfermedad se debe fundamentalmente a la acción
de un grupo de hongos del género Phytophthora.
Este género es muy polífago: ataca a gran número de especies
ornamentales,
hortícolas y frutales. Las plantas afectadas presentan una podredumbre en la
base del tallo y en el punto de inserción de las raíces. La parte aérea toma un
color amarillento y las hojas pierden su porte erguido, se vuelven lacias
(sobre todo en las horas de máximo calor) y terminan por secarse. La parte
inferior del tallo presenta una serie de alteraciones y disgregaciones de los
tejidos del cuello. En las plantas herbáceas, de porte reducido, estas
alteraciones y putrefacciones del cuello se extienden a las primeras hojas y
avanzan en forma de triángulo hacia el ápice. En el cámbium (capa de células
para el crecimiento secundario) aparecen unas manchas de color pardooscuro
y, en la mayoría de los casos, se producen secreciones de tipo gomoso. En las
especies con bulbo aparecen en éste unas manchas más o menos redondeadas que
terminan por ocuparlo todo entero.
Esta
enfermedad requiere humedades altas en la zona del cuello de la planta y
temperaturas de 20-30 0c, siendo la óptima 28 0c. Se
trata, pues, de una enfermedad típica de la estación cálida. En esas
condiciones ambientales se puede producir la muerte de la planta, si es
herbácea o semileñosa, en poco tiempo.
El hongo se conserva en el suelo durante años, y algunas especies se
encuentran a varios metros de profundidad, lo cual dificulta su eliminación,
incluso con la desinfección del suelo.
Para las plantas de porte reducido y cultivadas en maceta o en plena
tierra debe efectuarse una desinfección del suelo, antes de la plantación,
con cualquiera de los productos químicos existentes en el mercado para tal
efecto.
En el momento de la plantación
no hay que enterrar demasiado
las plantas, siendo preferible que la zona del cuello permanezca al
descubierto, siempre que las plantas queden erectas y no tengan movimiento.
Si se observan los síntomas en una planta adulta debe desenterrarse el
cuello de la raíz y distanciar los riegos procurando no mojar la zona
afectada, además de efectuar tratamientos cada 10-12 días con Mancozeb,
Difolatan, sulfato de oxiquinoleína, etc.
Virus
Los virus son microorganismos de tamaño reducido, que sólo se pueden
observar con la ayuda del microscopio electrónico y se multiplican únicamente
en el interior de las células. Por ser invisibles incluso al microscopio
ordinario, su presencia sólo se puede detectar por los síntomas que aparecen en
las plantas hospedantes. conviene advertir que, en determinados casos, las
plantas pueden contener uno o varios virus y aparentemente estar sanas.
La diferencia con respecto a los hongos y bacterias es que los virus se
encuentran en todas las partes de la planta atacada, pues se incorporan al torrente
circulatorio; sólo las semillas escapan a la acción de los virus, excepto en
las leguminosas.
La presencia de los virus se pone de manifiesto por diversos efectos,
que pueden resumirse enclorosis o moteado de las hojas, síntoma que puede confundirse con las
carencias de determinados elementos nutritivos. A estos virus se les llama virus del mosaico.
—Aparición de rayas o manchas necrÓticas visibles con
luz ultravioleta.
—Deformaciones en el crecimiento de toda planta o en parte de ella:
hojas, tallos, enanismo, etc.
Los virus no sólo modifican la apariencia externa de la planta atacada,
sino que producen cambios importantes en su constitución interna, apareciendo
una serie de necrosis del floema (sistema de transporte) e inclusiones
intracelulares, como son pequeños cristales o sustancias amorfas que se pueden
apreciar al microscopio.
Los virus pueden ser transmitidos por las plantas enfermas a las diversas
zonas de diferentes formas, siendo las más usuales las que se indican
seguidamente:
Injerto. Se puede decir que ésta es la prueba principal para
determinar si una planta tiene o no virosis, ya que, una vez hecha la unión del
injerto y el portainjertos, los virus se incorporan al torrente circulatorio
del portainjertos y aparecen rápidamente los síntomas si éste tiene gran
.
sensibilidad
para el virus en cuestión. Evidentemente, al tratar de multiplicar una planta
hay que efectuar los esquejes, acodos e injertos de plantas sanas.
Medios mecánicos. Las heridas causadas en una planta durante las podas
o demás operaciones culturales pueden ser la puerta de entrada de los virus.
Pues basta que las herramientas hayan tocado anteriormente a una planta
enferma para que al herir a una sana le sean transmitidos
dichos agentes patógenos. Por eso se recomienda que, cuando se sospecha que hay
una planta enferma, se desinfecten las herramientas después de trabajar en
ella, antes de actuar en las demás plantas.
También se puede transmitir la enfermedad mediante la inoculación de
savia de una planta enferma a una sana, e incluso con el mismo roce de dos
hojas que se han herido previamente.
Insectos
vectores. La transmisión de esta forma
se debe sobre todo a pulgones, mosca blanca y Thrips, los cuales, con su aparato bucal chupador, pueden pasar la
virosis de plantas enfermas a sanas. De ahí que para proteger las plantas se
luche incansablemente contra estos insectos, mediante tratamientos periódicos
con insecticidas adecuados.
Los nematodos también pueden ser vectores de determinados tipos de
virus, pero carecen de importancia, por ser muy pocos los cultivos a los
cuales afectan.
.
En general, la actividad de los virus se intensifica a medida que se
elevan las temperaturas, pues su actividad se detiene por debajo de 15 0c.
La lucha química contra estos agentes patógenos ha fracasado por completo, y
las nuevas técnicas de reproducción vegetal constituyen la única forma de
impedir que los virus estén presentes en los cultivos.
Siempre que en un cultivo
aparezcan uno o varios individuos con síntomas que hagan sospechar que es una
virosis, el mejor método para combatirla consiste en eliminar las plantas
atacadas (que pueden guardarse hasta comprobar la enfermedad) y mantener
una estrecha vigilancia sobre los insectos vectores.
Bacterias
Las bacterias son organismos
unicelulares de reducidas dimensiones, provistos de una membrana formada por
dos capas, una externa gelatinosa y otra interna dura. Esta capa gelatinosa
las mantiene unidas a medida que se van multiplicando, y las colonias de
bacterias pueden alcanzar tamaños relativamente considerables, perceptibles a
simple vista.
Se multiplican asexualmente por división y, cuando las circunstancias
ambientales son adversas, pueden producir esporas por condensación del
contenido celular y permanecer así hasta que encuentren el medio idóneo para su
multiplicación.
Hay bacterias saprofitas, las hay parásitas de los animales y otras
pueden causar graves problemas en las plantas.
Propiedades de las bacterias
Las bacterias son los organismos más resistentes que existen en la
Naturaleza
en las condiciones del ambiente; las esporas de ciertas especies llegan a
soportar temperaturas hasta 110-115 0c en medio seco y 95 0c
en ambiente húmedo, y algunas de ellas resisten hasta valores muy bajos, hasta
—270 0c. La temperatura óptima de crecimiento está comprendida
entre 20 y 35 0c. Normalmente necesitan aire para poder
desarrollarse, llamándose entonces bacterias aerobias; si no lo necesitan se
denominan anaerohias, y si pueden vivir en presencia o ausencia de aire se les
llama anaerobias facultativas.
Los síntomas que pueden aparecer sobre las plantas son los tumores, el
decaimiento y las necrosis secas, podredumbres y similares.
En cuanto a los tumores, hay que indicar que algunas bacterias provocan
hiperplasia de las células seguida de hipertrofia y de distorsiones
vasculares, como ejemplo cabe citar el Agrobacterium
tumefaciens. que puede parasitar a más de 140 especies vegetales.
Conviene indicar que esta bacteria se muestra muy activa en suelos
alcalinos y húmedos.
El tratamiento debe ser preventivo, procurando que el terreno esté
desinfectado antes de efectuar la plantación y que tenga un buen drenaje. Las
plantas afectadas deben quemarse.
Respecto al decaimiento, se advierte que son muchas las bacterias que
pueden atacar a las partes aéreas de las plantas provocando la muerte de
éstas. La bacteria se localiza frecuentemente en los tejidos vasculares,
produciendo una obstrucción de los vasos y secretando toxinas que interfieren
la presion osmotica y la permeabilidad celular.
La podredumbre de los órganos
carnosos, bulbos, rizomas y base de los tallos, en la mayoría de los casos, es
debida a las bacterias del género Erwinia.
Esta enfermedad proviene casi siempre de unas condiciones de cultivo
inadecuadas, con temperaturas bajas, humedad alta y abonados en exceso.
Su prevención se basa en reajustar las condiciones de cultivo y efectuar
tratamientos periódicos con Zineb, Mancozeb y productos a base de cobre y
sulfato de oxiquinoleina.
Tanto los fungicidas orgánicos como los inorgánicos
cuya acción no es sistémica, previenen, evitan y controlan perfectamente los
hongos ectoparásitos, así como los endoparásitos antes de penetrar en el
hospedante.
Pero hay que tener la preocupación de que todas las partes del vegetal estén
protegidas por los mismos, ya que, al no tener acción sistémica, es suficiente
un riego copioso sobre las hQjas o simplemente la lluvia, para arrastrarlos,
dejando a la planta sin protección alguna. De ahí que los tratamientos deban
ser más frecuentes y haya que procurar mojar todas las hojas, ramas y tallos
con el producto. Los fungicidas no sistémicos son: azufre, oxicloruro de cobre,
Zineb, Maneb, Captan, Thiran, Karatane, etc.
Los fungicidas sistémicos presentan la gran ventaja
de que no pueden ser arrastrados, ya que
se incorporan al torrente circulatorio de la planta y controlan perfectamente
los hongos ectoparásitos y endoparásitos, incluso después de haber penetrado
éstos en el interior de los tejidos. De ahí la gran ventaja que presentan estos
fungicidas y el desarrollo que están adquiriendo. Entre los más utilizados
están: Benlate, Bavistin, Pelt-44, Euparefl, etc.
En los productos comerciales, ambos tipos de fungicidas se encuentran,
en la mayor parte, formulados con otros aditivos en dosis diversas según los
fabricantes, por lo que se deben seguir las instrucciones dadas por éstos en
las etiquetas. Un aumento innecesario de la dosis puede ser motivo de
fitotoxicidad y una disminución de la misma puede provocar su ineficacia.
En la aplicación debe procurarse que las máquinas utilizadas tengan una
pulverización uniforme y que el tamaño de las gotas de agua sea lo menor
posible, para cubrir toda la planta con el mínimo gasto de producto. Con la cantidad de
éste que se vaya a utilizar se realiza una papilla en un vaso o recipiente
pequeño, procurando que el contenido esté todo bien disuelto y no presente
grumos.
En la máquina de pulverizar se pone la mitad del agua que se vaya a necesitar,
se vierte la papilla y se añade el resto del agua.
Los caldos así preparados no se deben guardar de un día para otro; de ahí que siempre se prepare sólo lo que se vaya a necesitar y, si sobra algo, se elimina.
Después de cada pulverización, la máquina se ha de lavar con agua limpia
y abundante para impedir qtíe queden restos de producto que vayan a
deteriorarla o incluso que puedan ser arrastrados en la siguiente
pulverización y ocasionen toxicidad en los vegetales.
Los tratamientos deberán efectuarse a primeras horas de la mañana o a
últimas de la tarde, y jamás durante las horas de máximo calor, para evitar
problemas de fototoxicidad con algunos de los productos